Diana Lemus.

Diana-Lemus

"Recuerdo que fueron casi 3 semanas de inducción, en las que aquellos que éramos unos totales desconocidos, nos fuimos convirtiendo casi en unos hermanos"

Un día como si nada, una amiga me propuso estudiar algo diferente a lo que todo el mundo siempre estudiaba. Sin pensar en qué clase de cosas me metería le dije que sí. Y así empezó un hermoso camino en el que comencé a ver cosas nuevas de la vida y del ser.

Llegamos a una casa totalmente en proceso de reconstrucción y restauración, realmente no pensábamos en ser parte de algo tan grande. Ella ingresó al Taller de Maderas y yo al Taller de Construcción. Sólo Dios sabe cómo obra y por qué cada una quedó en estos talleres que nos dieron opciones nuevas de aprendizaje y de conocimiento de nuestras capacidades.

El primer día, después de todo el proceso de ingreso, nos encontramos con personas nuevas, totalmente ajenas a nuestras vidas, pero que más adelante se convertirían en las que harían parte fundamental de tu día a día. Todos estábamos reunidos en un patio rodeado de unas estructuras totalmente en obra negra, de andamios, mesas y herramientas que no teníamos idea de cómo se utilizaban, rodeados de personas que también estaban en el proceso de darle un mejor aspecto a este estéril y extraño lugar.

Mi corazón latía muy fuerte durante cada uno de los días en los que asistíamos a nuestra inducción. Recuerdo que fueron casi 3 semanas de inducción, en las que aquellos que éramos unos totales desconocidos, nos fuimos convirtiendo casi en unos hermanos. Compartíamos las sillas, las hojas, los esferos, las experiencias y sobre todo la alegría de empezar algo supremamente nuevo.

Para una mujer es muy duro ingresar a este tipo de actividades y sobre todo acoplarse de tal manera, en la que tiene que esforzarse más que un hombre y sin perder su feminidad. El solo hecho de hacer la mezcla de cemento, para mí era sublime; pasar los ladrillos, trabajar la cal como mortero y como pintura, aplicar los morteros con las espátulas, untarnos de todo y con el tiempo ser tan dedicados al aprendizaje que ya ni reguero dejábamos. Armar los andamios y subirlos, aprender sobre las líneas de vida, meternos al cobertizo del Edificio 5 de la Sabana, tomar medidas y aguantarnos olores inimaginables, hacer la recuperación del ladrillo en tapia pisada y con este mismo construir un nuevo muro a base de mortero artesanal.

Aprender a hacer cálculos de los materiales a usar en los proyectos, hacer replanteos de terreno, hablar con propiedad de la historia de un lugar y sobre todo de las formas que se apreciaban en su estructura arquitectónica (dinteles, bodegas, pasillo, etc.), dibujar bocetos y luego pasarlos de manera técnica para ejecutar nuestra labor, saber sobre nuestra constitución y conocer nuestros derechos y deberes, tener la opción de crear nuestra propia empresa.

¡Soñar... siempre soñar!

Celebrar las fechas especiales tanto de nuestra patria como de nuestra escuela. Disfrutar con nuestras familias durante un día en la semana cultural, y permitirles a ellos enamorarse de aquello que nos había enceguecido el alma y enamorado el corazón. Compartir junto a todos nuestros compañeros, docentes, administrativos, y logísticos de una semana cultural hecha con todo el amor del mundo, llena de deportes, baile, música. Algo que sólo personas que se sienten en familia hacen con todo el corazón.

Recuerdo haberle agradecido a Dios por permitirme el haber conocido personas como Alberto, Ismenia Benítez, todas y todos los de la parte administrativa, Liliana Gallón (mi mentora), Adolfo Martínez, Andrés Rodríguez (docente de dibujo técnico), María Claudia Ortiz, docentes de historia de la arquitectura. Todas las personas que colaboraban con el aseo y la logística de la Fundación, a las coordinadoras Gina y Martha, a cada uno de los compañeros de los talleres de maderas, de cocina, de papel, de guianza turística y por supuesto a los de construcción.

Mi paso por la Escuela está grabado por millones de experiencias, de momentos buenos y malos, de muchas veces hacer cosas inimaginables, tan sólo para que todas las cosas que nos enseñaban no se fueran por la borda. La experiencia que me permitieron tener como líder de grupo de mis compañeros de taller fue algo mágico, que no sólo permitió que yo creciera, sino que al igual que yo, mis compañeros surgieran.

Las cosas para mí fueron cambiando y las circunstancias modificaron mucho mi vida, a tal punto que no pude volver y tan sólo me faltaban 3 meses para concluir mi formación. Estos son los momentos en los que quisiera devolver el tiempo y buscar la manera de hacerle el quite a todo lo que se presentó... y quién sabe... tal vez hoy en día sería una gran restauradora como lo son y serán cada uno de los que han pasado por este hermoso taller y fantástica Escuela.

Espero que aquellos que están en la FETB, que así la llamábamos, se sientan todos los días orgullosos de lo que están aprendiendo. Ámenlo y sobre todo gócenlo, porque sin pasión y sin amor las cosas no se pueden hacer con todo el corazón.

¡Bendiciones a todos, y gracias por darme la mejor experiencia y etapa de mi vida!


Volver
_________________________
 
           facebook-50pxyoutube-50pxTelefono-50px
catalogo_2014_down
buenaventura_down
taller_construccion_down
taller-cocina_down
Panade_down
escuela_restaurante_down

petc_down

AECID UE MS Cuso USAID CAF

SENA AMIGOS MINCULTURA2 OIM BWFF