Cristian David Moreno Acosta.

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"Escogí el torno porque sentí que era para mí. Cuando lo conocí sentí una chispita en el corazón...desde ahí es de donde saco la inspiración, para hacer cada pieza"
 
Cuando estaba en primaria, me gustaba mucho jugar con el trompo. Un día, mi abuelo me contó, que cuando él era niño también le gustaba mucho. Como no tenía mucho dinero, él y sus amigos los hacían, pero de forma muy rústica. Él me enseñó cómo hacerlos y yo así lo hacía. Al menos giraban, pero como no estaban centrados, al soltarle la pita, teníamos que salir corriendo, porque era un peligro que nos llegara a pegar en la cara. Alcancé a hacer como quince trompos. Ahora que ya tengo acceso al torno, no me he decidido a hacer uno...estoy esperando encontrar una madera muy especial para hacerlo, cuando lo haga, ya no va a ser para jugar, va a ser como un trofeo. En la primaria también, pero ya en quinto; tuve mi primer negocio y gracias a la madera. Mi papá recogía estibas, las dejaba arrumadas mientras las llevaba a un sitio para venderlas. Mientras tanto yo iba, y las desarmaba y las volvía armar, para hacer un corral para pollos. Ese era mi negocio, criarlos, para luego venderlos. Con la madera, fui descubriendo que a través de ella, podía hacer muchas cosas que tenía en mi imaginación.

Mi abuelo se llama Eli, y tiene casi setenta años, él es el papá de mi mamá, y vive con nosotros. Cuando yo le muestro las piezas que hago en madera, se pone muy feliz...las huele, se calla y las observa.

Mis papas, se sienten muy felices por mí, porque saben que estoy poniendo todo de mí, para ir tras mis sueños. ¿Mis sueños?, en este orden son: tener una familia y dedicarme a ella, tener un taller y ser un artesano. Ya empecé a construir mis sueños, y no voy a parar. Un artesano es una persona con mucha sabiduría, y que al hablar con él, transmite muchas enseñanzas, día tras día.

Mi taller lo quiero poner en Supatá, allá está la casa de mis papas. Yo, aunque nací en Bogotá, siempre he vivido en el campo. Yo nací en el hospital San José, hace dieciocho años. Ese hospital, es el que queda muy cerca de la Estación de la Sabana. Hace un tiempo atrás, y por cosas del destino, me encontré una platica, con eso compré el alma del torno...el motor. Luego, y también por cosas de la casualidad, un día hablando con un familiar lejano, me ofreció para compararle la sierra ¡fue un gangazo!. Creo que aunque la vida sea dura, ella le da a uno regalos, para seguir adelante con los sueños.

De las técnicas que hay en la carpintería, escogí el torno porque sentí que era para mí. Cuando lo conocí sentí una chispita en el corazón...desde ahí es de donde saco la inspiración, para hacer cada pieza.

A mí me gusta muchísimo Casa Venados, cuando yo tenga la posibilidad de tener mi casa, quiero hacer lo mismo con ella...ir restaurándola yo mismo, con lo que he aprendido en el taller, y llegar a combinar en ella lo antiguo con lo moderno. Añoro volver a vivir en el campo...aquí en Bogotá la vida y todo, es muy diferente. Hasta el aire se siente raro.

¿Qué me vea con harta plata?. No, no creo. La felicidad y la riqueza están en tener una familia. Hay más dicha, en vivir la vida y gozarla, que estar pensando todo el tiempo, en cómo conseguir dinero en pagar un montón de cosas.

 
Cristian David Moreno Acosta.
Estudiante del taller de carpintería.


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